Un ateo confundido

Charles Bradlaugh, un conocido ateo británico, desafió una vez a un ministro del evangelio de un barrio pobre de Londres, a un debate sobre la validez del cristianismo. El pastor aceptó bajo la siguiente condición:

“Propongo que cada uno de nosotros lleve al lugar del debate, alguna evidencia concreta de la validez de nuestras creencias en la forma de un hombre y una mujer cuya vida haya sido transformada del pecado y la vergüenza, por la influencia de nuestra enseñanza. Yo llevare a cien de esos hombres y mujeres, y usted puede llevar la misma cantidad. En caso que no pueda llevar a cien, lleve cincuenta. Si no puede llevar cincuenta, lleve veinte. Si no puede llevar veinte, quedaré satisfecho con diez.” De hecho, el pastor, lo desafío a llevar soló uno.

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