Si leemos todo el contexto de Apocalipsis 4 nos daremos cuenta que solo hay uno sentado en el trono (Apocalipsis 4:2). Este hecho es usado para decir que ese «uno» que está sentado en el trono se refiere al único Dios verdadero, y que este único Dios verdadero es Cristo y solo Cristo.
Este pensamiento unitario que afirma que Dios y Cristo son la misma persona se vale de este hecho para probar que únicamente hay un solo Dios que es Cristo, pero esto no es cierto, ya que Apocalipsis 5:13 dice que «al que está sentado en el trono [o sea, el Padre], y al Cordero [quien es Cristo], sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.» (Apocalipsis 5:13). A la vez, Cristo mismo dijo que aquellos que vencieran se sentarían en su trono así como él venció y se sentó con su Padre en su trono (Apocalipsis 3:21). Ahora bien, ¿por qué en Apocalipsis 4:2 no aparece Cristo sentado en el trono y sin embargo si aparece en el capítulo siguiente?
Hay que tener en cuenta que cuando los capítulos 4 y 5 fueron escritos no había separación entre ellos sino que era un solo texto seguido que explica una secuencia, es así como en el capítulo 4 no aparece Cristo, sin embargo vemos en el capítulo 5 como aparece la figura de “un Cordero como inmolado” (Apocalipsis 5:6), símbolo de Cristo (Juan 1:29; Apocalipsis 13:8) que toma el libro que tiene su Padre en la mano derecha (Apocalipsis 5:1), y se lo reconoce como digno de abrir los sellos porque fue inmolado, redimiéndonos con su sangre (Apocalipsis 5:9), y es entonces, después de que se lo declara digno que podemos ver en unos versículos más adelante como la alabanza, la honra y la gloria, ya no se le da únicamente al que está sentado en el trono, es decir, al Padre, sino que también se la da al Cordero (Apocalipsis 5:13), a Cristo.
La única razón por la que en el capítulo 4 se da gloria, honra y la alabanza a uno, y en el capítulo siguiente se dé a dos es sencillamente porque en Apocalipsis 4 Cristo aún no había ascendido al cielo, aún no había sido entronizado a la diestra del Padre (Marcos 16:19; Hebreos 12:2). Es por ello que encontramos en el capítulo 4 a los ángeles dando gloria únicamente al que está sentado en el trono, o sea, al Padre (Apocalipsis 4:9,10), y seguidamente en el capítulo 5, una vez a Cristo se lo reconoce como digno por haber vivido una vida de santidad y sin pecado (1 Pedro 2:22; 1 Juan 3:5) y morir en la cruz (Apocalipsis 12:10,11), vemos que la alabanza, la honra, la gloria y el poder por los siglos de los siglos es también para él y para su Padre (Apocalipsis 5:13).
Recuerda que la mayoría no siempre tiene la razón.
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