8.- Un Campeón de la Verdad (Parte 5)

Pronto se le ordenó a Lutero, por mandato del emperador, que regresara a su casa, y él entendió que esa noticia rápidamente le seguiría a la de su condena. Nubes amenazantes se cernían sobre su senda; pero, al salir de Worms, su corazón rebosaba de gozo y alabanza. Él dijo: “El mismo diablo custodiaba la ciudadela del Papa; pero Cristo abrió en ella una ancha brecha y Satanás fue constreñido a confesar que el Señor es más poderoso que él”.

Después de la partida, Lutero escribió al emperador: “Dios, que es el escudriñador de todos los corazones, me es testigo de que estoy listo a obedecer con diligencia a su majestad, para honrar o para deshonrar, para vida o para muerte, sin excepción; salvo la Palabra de Dios, por medio de la cual existe el hombre. En todos los asuntos del tiempo presente mi fidelidad será perenne, porque aquí ganar o perder no son importantes para la salvación. Pero cuando están en juego intereses eternos, Dios no desea que el hombre someta al hombre. Porque tal sumisión en asuntos espirituales es una adoración verdadera, y ella debe rendirse únicamente al Creador”.

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