¿Sabías que Dios no mató a los primogénitos de Egipto?

Este capítulo de la historia de Egipto es el más triste de esta nación (Éxodo 11:6) en el que Dios, por el endurecimiento del corazón de Faraón (Éxodo 8:15,19,32; Éxodo 9:7,12,35), anuncia la décima plaga (Éxodo 11:1) donde todo primogénito, tanto hombres como bestias, sería muerto (Éxodo 11:4,5):

“Yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová” (Éxodo 12:12)

Una lectura rápida y superficial parecería decir que fue Jehová mismo quien iba a matar esa medianoche a todos los primogénitos, salvo aquellos que rociaran los dos postes y el dintel de sus casas con sangre (Éxodo 12:7) de un cordero sin mancha (Éxodo 12:3), símbolo de Cristo (1 Pedro 1:19; Hebreos 9:14), pero si leemos el versículo 23 encontraremos algo que a la gran mayoría se nos había pasado:

“Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta” (Éxodo 12:23) y atención a lo que dice ahora: “Y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir” (Éxodo 12:23).

En la primera parte del versículo parece indicar que es Jehová quien pasa hiriendo, sin embargo en la segunda parte del versículo nos dice que Jehová mismo no dejará entrar en las casas donde haya las marcas de sangre en los postes y el dintel al heridor para herir.

Ahora bien, ¿será que Jehová mismo se interpone a sí mismo de destruir a su pueblo? Para nada.

Quien iba a pasar y matar a los primogénitos no era Jehová, sino alguien llamado heridor. La palabra usada en hebreo para “heridor” es “shakját”, que significa corruptor, depravado, destrozador, destruidor, heridor, merodeador, pudrir, quebrantar, ruina, violar…, adjetivos que para nada podemos identificar con Dios, ni Cristo, ni ninguno de sus ángeles, sino más bien a Satanás y sus ángeles.

Curiosamente hay dos palabras, de todas las mencionadas, que vamos a rescatar. La primera de todas es “merodeador” que significa “andar por los alrededores de un lugar, en especial si se hace con malas intenciones”, algo que nos recuerda a lo que Satanás le responde a Jehová cuando se le pregunta de dónde viene (Job 1:7), a lo que el diablo responde: “De rodear la tierra y de andar por ella” (Job 1:7), sabiendo que nuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). Y la otra es “destruidor”, palabra que en otras versiones de la Biblia se usa en lugar de heridor, quedando así:

“El Señor pasará de largo aquella puerta, y no permitirá que el ángel destructor entre en vuestras casas para heriros (Éxodo 12:23 LBLA)

De hecho el Salmo 78, hablando de las plagas de Egipto (Salmos 78:43-51), y específicamente de la décima, la muerte a todo primogénito (Salmos 78:51), dice:“Envió sobre ellos el ardor de su ira; enojo, indignación y angustia, un ejército de ángeles destructores” (Salmos 78:49), y la palabra usada para “destructores” es “rah”, que significa depravado, destructor, escoria, fastidioso, feo, feroz, impío, inicuo, injusto, malo, malvado, malicia, maligno, pecado, perverso, sarna… o sea, un ejército de ángeles depravados, ángeles fastidiosos, ángeles inicuos, ángeles malvados, ángeles perversos…

Ahora bien, ¿quién es identificado en la Biblia como ángel destructor?

En la quinta trompeta del Apocalipsis se nos dice que Juan vio una estrella que cayó del cielo a la tierra; y se le dio la llave del abismo (Apocalipsis 9:1). Obviamente, esta estrella que cae del cielo a la tierra es Satanás (Lucas 10:18; Apocalipsis 12:4,9), llamado ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego, Apolión que significa: destructor (Apocalipsis 9:11)

Y el propio Pablo, hablando de la rebelión de Coré, Datán y Abiram (Números 16), nos dice: “Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor” (1 Corintios 10:10), significando la palabra griega “destructor” serpiente venenosa. Y todos sabemos que la serpiente es Satanás (Apocalipsis 12:9).

Pero entonces, ¿por qué la Biblia dice que Jehová iba a herir a los primogénitos? (Éxodo 11:4,5; Éxodo 12:12,23), sencillamente porque todo lo que Dios permite que suceda es descrito como sí él mismo lo hiciera. Es así como vemos que Dios endurece el corazón de Faraón (Éxodo 4:21; Éxodo 10:20,27); envía un espíritu malo a Saúl (1 Samuel 16:23); pone espíritu de mentira en la boca de los profetas (1 Reyes 22:23); o envía un poder engañoso para que los impíos crean la mentira (2 Tesalonicenses 2:11). Sabiendo que en verdad esto no lo hace directamente Dios, sino Satanás y sus ángeles. 

Recuerda que la mayoría no siempre tiene la razón.

Apóyanos para seguir adelante con este ministerio:

Suscríbete a nuestro canal de Youtube:

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*