¿Sabías que la vida de Moisés tiene un mensaje oculto?

En la vida de Moisés, y especialmente en su muerte, hay algo oculto que pocas personas conocen, y aquí te lo vamos a explicar.

Cuando Moisés anduvo por el desierto siendo el caudillo de todo un pueblo rebelde (Números 17:10; Deuteronomio 9:24), tuvo que soportarlos por mucho tiempo. En una de las rebeliones de Israel contra Moisés (Números 20:3) y por ende contra Dios, en las que el pueblo, quejándose, pidió de beber (Número 20:3,4), Dios ordenó a Moisés y a Aarón que reuniera a toda la congregación y hablara a la peña para que esta brotara agua para que bebiera toda la congregación y las bestias (Números 20:8). Este milagro no era fruto de la vara, ni tampoco de Moisés, sino de Dios, sin embargo Moisés se adjudicó el poder de hacer que brotara agua de la peña al airarse y decirles: “¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña?” (Números 20:10). A la vez, Dios había ordenado que hablara a la peña (Números 20:8), sin embargo Moisés airado con el pueblo golpeó la peña con su vara dos veces (Números 20:11). Este pecado de desobediencia y de ira conllevó que Moisés no entrara a la tierra prometida (Números 20:12: Deuteronomio 32:51,52).

Ahora bien, ¿sabías qué a Moisés le esperaba algo mejor?

Cumplidos los 120 años de edad Moisés murió, y lo hizo lleno de vigor y fortaleza (Deuteronomio 34:7), esto significa, sencillamente, que sus fuerzas físicas eran tan lozanas y vigorosas en ese momento de su muerte como siempre lo habían sido, pero entonces, ¿por qué murió?

En el libro de Deuteronomio se nos dice que Jehová enterró el cuerpo de Moisés en la tierra de Moab (Deuteronomio 34:6), sin embargo, en la transfiguración de Jesús ante Pedro, Jacobo y Juan (Marcos 9:2), apareció Elías, quién había sido trasladado vivo al cielo (2 Reyes 2:11), pero también apareció Moisés. Entonces, ¿Moisés estaba muerto o no? La respuesta a ello la tenemos en el libro de Judas donde encontramos un hecho sucedido entre Miguel y Lucifer en el momento de la muerte de Moisés, quienes contendían por el cuerpo del patriarca (Judas 1:9). Pero, ¿por qué lo hacían? En la trasfiguración de Jesús tenemos la respuesta. En esa contienda entre Cristo y Satanás estaba en juego la resurrección de Moisés. Mientras Satanás reclamaba a Moisés como suyo y luchaba para retenerlo en el sepulcro, Cristo, bajo el título de arcángel Miguel (Judas 1:9; Isaías 2:19,21; Daniel 12:1), lo reclamaba como digno de ser resucitado y recibir la vida eterna (Juan 17:3). Esta escena era un anticipo de lo que va a suceder con los justos de todas las épocas cuando Cristo, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, descienda del cielo y los muertos en su nombre resuciten primero (1 Tesalonicenses 4:16). Así como Satanás quiso retener a Moisés en la tumba pero no pudo (Mateo 17:3), así querrá hacerlo con los justos de todas las épocas, pero no podrá (1 Corintios 15:52).

Pero esto no es todo, ¿por qué Moisés tuvo que morir a los 120 años y no a los 90, 130 ó 150? Ya que el texto, como leímos antes, nos muestra que estaba gozando de buena salud (Deuteronomio 34:7), entonces, ¿por qué 120 años? La Escritura nos muestra que el pueblo hebreo mantenía un sistema de jubileos, conformado por un período de 49 años (Levítico 25:8) y siendo el año 50 año de libertad, año de jubileo (Levítico 25:10,11). Por lo tanto, si tomamos la vida de Moisés como 120 años o 120 jubileos nos encontramos con una totalidad de 6000 años, ya que para que haya 120 jubileos se necesitan un total de 6000 años, siendo este tiempo, precisamente, el momento exacto en que Cristo va a venir a resucitar a los suyos. ¿Crees que esto es una conjetura? Pues vamos a darte un poco de datos.

La historia del plan de la redención está conformado por siete períodos de 1000 años cada uno, siendo el último período de mil años el así esperado milenio (Apocalipsis 20:2-7). Pedro, en 2 Pedro 3:8 nos exhorta, dentro de un contexto relacionado con la segunda venida del Señor (2 Pedro 3:7), de este modo:

“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día” (2 Pedro 3:8). Esta exhortación nos lleva a mirar la creación en seis días (Éxodo 20:11) como seis días literales más un séptimo día de reposo (Génesis 2:2,3), pero también a verlos como una profecía de tiempo para este mundo conformado por 6000 años en esta tierra y un milenio, o un sábado milenial, de mil años, en el cielo (Apocalipsis 20:4).

Curiosamente, los 120 años de vida de Moisés están divididos en tres períodos de 40 años cada uno. 40 años en Egipto (Hechos 7:23), 40 años en el desierto (Éxodo 7:7) para desaprender mucho de lo que había aprendido en Egipto y para educación de su carácter, y 40 años dirigiendo al pueblo de Dios por el desierto (Deuteronomio 34:7). Del mismo modo la historia de este mundo está compuesta por 40 años, o 40 jubileos, o sea, 2000 años (40×50=2000) desde la creación hasta que se dio la ley en tablas de piedra; 40 años, o 40 jubileos, o sea, 2000 años (40×50=2000)  desde el Sinaí hasta Cristo; y 40 años, o 40 jubileos, o sea, 2000 años (40×50=2000), desde Cristo hasta su segunda venida, estando la muerte de Cristo en la cruz exactamente en el cuarto milenio, o sea, en el año 4000, o sea, en el jubileo 80 (80×50=4000). Es interesante notar que Moisés liberó al pueblo de Dios de la esclavitud de Egipto a los 80 años de edad (Éxodo 7:7,) precisamente en pascua (Éxodo 12:11; Hebreos 11:28), así como Cristo nos liberó de la esclavitud del pecado -siendo Egipto un símbolo de pecado (Apocalipsis 11:8)– a los 80 jubileos, o sea, a los 4000 años (80×50=4000), en pascua (Juan 19:31) quedando desde ese momento hasta su retorno 2000 años donde la iglesia de Dios, o sea, su pueblo, peregrina por el desierto y es sustentada por medio de su Santo Espíritu para finalmente poder entrar a la Canaán Celestial (Hebreos 11:16), así como Moisés dirigió al pueblo de Dios por 40 años en el desierto para que finalmente pudieran entrar en la Canaán terrenal (Éxodo 16:35; Números 14:33).

Aunque Moisés no pudo entrar a la Canaán terrenal (Deuteronomio 32:51,52), Dios lo bendijo con la resurrección (Judas 1:9) otorgándole el poder gozar de modo anticipado a los 120 años, de la Canaán Celestial (Hebreos 11:16), así como los redimidos resucitarán a los 120 jubileos, o sea, a los 6000 años cuando Cristo venga en las nubes (1 Tesalonicenses 4:16; Marcos 14:62).

Recuerda que la mayoría no siempre tiene la razón.

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