Como cristianos, ¿deberíamos vivir en el campo?

Tanto si somos cristianos como si no lo somos, Dios creó al hombre para un entorno natural y campestre (Génesis 2:8), y sabemos que todo lo que Dios creó para nosotros fue bueno (Génesis 1:12,18, 21, 25), y no solo bueno, sino bueno en gran manera (Génesis 1:31), y en esa creación no vemos ciudades ni nada que se parezca, ahora bien, ¿será que la vida en el campo, aparte de ser un principio establecido por Dios, es también una salvaguarda para el cristiano?

Cuando Samaria fue sitiada por los ejércitos de Siria (2 Reyes 6:24) la ciudad sufrió de hambruna (2 Reyes 6:25). Al verse sitiada las provisiones se acabaron, los precios subieron y sus habitantes llegaron a comer cosas que en condiciones normales no comerían (2 Reyes 6:25). Era tal la desesperación que llegaban a hacer cosas impensables con tal de paliar el hambre (2 Reyes 6:28, 29).

Esta escena del libro de Reyes es un pálido reflejo de lo que sucederá en este tiempo, especialmente para aquellos que sigan viviendo en las ciudades, y debería servir para tomar decisiones los más inmediatas posibles (Mateo 24:15,16).

Se aproxima una crisis a todos los niveles: Económico (Apocalipsis 13:17), medioambiental (Mateo 24:7), social (Marcos 13:8), militar (Lucas 21:10), moral (Judas 1:18) y religioso (Apocalipsis 13:12,15), y las ciudades populosas se verán sumidas en un caos tal que llevará a las personas a sacar lo peor de sí mismas (Mateo 24:10,12). Habrá saqueos, tumultos (Marcos 13:8) y violencia por todos lados (Mateo 24:37; Génesis 6:11). A la vez se establecerá la ley marcial en las ciudades, por lo tanto salir o entrar en ellas será difícil. El acceso a la comida y al agua será como en los días de Samaria (2 Reyes 6:25-29) o como cuando Jerusalén fue sitiada por los ejércitos de Tito en el año 70dC (Lucas 21:20), es por ello que el único amparo estará en vivir fuera de las ciudades (Lucas 21:21) y en confianza en Dios (Salmos 37:5), donde cada familia pueda cosechar su propio alimento y aprender a depender de nuestro Creador (Isaías 41:13). Aun así, vivir fuera de las ciudades no será ninguna garantía a no ser que tengamos una total dependencia a Dios y en obediencia su ley (Apocalipsis 14:12), a lo que él ha dicho y a su Palabra (Lucas 4:4) y no únicamente en buscar la supervivencia con el anhelo de preservar la vida (Mateo 16:25) tal y como Hollywood nos lo ha presentado.

El salir al campo, aparte de tener propósitos redentivos y educativos en cuanto a la formación de nuestro carácter, servirá para poder estar alejados de toda esa agitación que se vivirá especialmente en los núcleos urbanos, pero llegará un momento que ni tan siquiera el campo ni las montañas serán un lugar seguro (Apocalipsis 6:15,16), y nuestra dependencia a Dios en obediencia a él (Isaías 33:15) será nuestra única salvaguarda (Isaías 33:16)

Recuerda que la mayoría no siempre tiene la razón.

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