En las Escrituras, especialmente en el Antiguo Testamento, encontramos muchas declaraciones que nos anuncian que los justos heredarán la tierra (Salmos 37:11,22). Esta idea es repetida a lo largo de las Escrituras, especialmente en los Salmos donde una y otra vez se nos repite que los justos “heredarán la tierra” (Salmos 37:9,11,22; Salmos 1:8). También, el libro de Isaías dice que los “justos, para siempre heredarán la tierra” (Isaías 60:21), así como los Proverbios que, de una manera indirecta, nos dicen que “los impíos no habitarán la tierra” (Proverbios 10:30), dando por hecho que los justos sí lo harán, e incluso, afirmándolo (Proverbios 2:21). Esta idea la encontramos también en el libro de Ezequiel (Ezequiel 37:25), de nuevo en Isaías (Isaías 57:13; Isaías 60:21), Jeremías (Jeremías 17:7,8), Zacarías (Zacarías 14:9), etc. Incluso, el propio Jesús, hablando, dijo: “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad” (Mateo 5:5)
Por lo tanto, queda claro que los hombres viviremos en la Tierra por toda la eternidad, pero ¿Y si te decimos que todos estos versículos están mal interpretados por la gran mayoría de las personas? Si bien es cierto que heredaremos la tierra por la eternidad tal y como hemos visto, esto no será en la segunda venida, sino después del milenio.
Si te fijas, cuando Cristo venga por segunda vez (2 Tesalonicenses 1:7; Mateo 24:64), “los elementos ardiendo serán desechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas” (2 Pedro 3:10), en otras palabras, la tierra quedará destruida (Jeremías 4:23), no que la tierra desaparecerá (Jeremías 24:27), sino que quedará totalmente inhabitable (Oseas 4:3), como un desierto (Sofonías 1:18; Miqueas 1:4; Jeremías 4:26), completamente vacía y desnuda (Isaías 24:1,3), como estuvo en el principio (Génesis 1:2); sin habitantes (Sofonías 1:2,3).
Entonces, si la condición de la Tierra va a ser la que hemos mencionado, ¿cómo podríamos vivir en ella durante mil años? Sería una Tierra completamente inhabitable (Isaías 5:9). Sin embargo, muchos dirán que los justos vivirán en la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21:9-27) mientras la Tierra permanece destruida y los impíos están fuera de ella (Apocalipsis 20:8,9). Pero esto no es cierto, ya que la Nueva Jerusalén no desciende del cielo hasta después del milenio (Apocalipsis 21:2), y los impíos que rodean la ciudad amada (Apocalipsis 20:9) no resucitan hasta que han pasado esos mil años (Apocalipsis 20:5). Por lo tanto, es imposible que pasemos el milenio en la Tierra.
La realidad de todo esto es que nuestra ciudadanía es en el cielo (Filipenses 3:20; Colosenses 1:5), en la santa ciudad que Dios nos tiene preparada (Hebreos 11:16; Juan 14:2,3), y es allí donde estaremos por mil años (Apocalipsis 20:4). Una vez pasados los mil años es que la Nueva Jerusalén descenderá del cielo (Apocalipsis 21:2), y una vez destruidos el pecado y los pecadores (Apocalipsis 20:9; Apocalipsis 14:20), es entonces, en ese preciso momento y no antes, que habrá cielos nuevos y tierra nueva (Apocalipsis 21:1) cumpliéndose la promesa, ahora sí, de que por la eternidad heredaremos la tierra (Salmos 37:9,11,22; Isaías 60:21; Jeremías 17:7,8), pero ya no la tierra que ahora tenemos (Mateo 24:35), sino la tierra nueva que Dios ha prometido (Isaías 65:17; Isaías 66:22; 2 Pedro 3:13) por la eternidad (Isaías 57:13; Isaías 60:21)
Recuerda que la mayoría no siempre tiene la razón.
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