¿Sabes que pronto se cerrará la puerta de la salvación?

La gracia es un don gratuito de nuestro Padre Celestial otorgado a través de su Hijo Jesucristo (1 Juan 1:9) que nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7), o sea, nos justifica ante Dios, a la vez, la gracia nos habilita y capacita para resistir toda tentación (1 Corintios 10:13), o sea, nos santifica (1 Tesalonicenses 4:17), ahora bien, llegará un día que ya no habrá más gracia, en otras palabras: la puerta de la gracia, de la salvación, se cerrará (Mateo 25:10) y ésta no se volverá abrir (Apocalipsis 7:1).

Actualmente Cristo está ministrando en el Santuario que hay en el cielo (Hebreos 9:12,24,25)  realizando una obra de juicio (Daniel 7:9,10), debido a que es necesario que todos seamos juzgados (2 Corintios 5:10). Este juicio no es presencial, sino que se juzgará cada acción, cada palabra, cada motivo oculto y pensamiento (Eclesiastés 12:14), ya que Dios tiene un registro completo y exacto de cada uno de nosotros (Daniel 7:9), para luego dar la paga a cada uno según nuestras obras (Romanos 2:6; Mateo 16:27).

Ahora bien, este juicio que Cristo está realizando (Apocalipsis 14:7) pronto terminará. Una vez que hayan sido juzgados todos los muertos en Cristo de todas las épocas (Hebreos 9:27) cuyos nombres están inscritos en el libro de la vida (Apocalipsis 21:27) es necesario que empiece el juicio de los vivos (1 Pedro 4:17). Uno a uno, todos los nombres de aquellas personas que estén vivas en ese momento pasarán dicho registro, y solamente aquellas personas que hayan lavado sus ropas y las hayan emblanquecido con la sangre del Cordero, o sea, de Cristo (Apocalipsis 7:14) quedarán inscritas en el libro de la vida (Apocalipsis 3:5). Cuando todo ser humano vivo y de manera consciente, dentro de un contexto donde la Palabra de Dios se habrá divulgado y presentado con una claridad meridiana (Mateo 24:14), elija servir y adorar a Dios o por el contrario separarse completamente de él y desobedecerlo; cuando cada una de las personas que estén vivas en ese momento de la historia decidan en su corazón rendirse enteramente a Dios o rechazarlo por completo, es entonces, u solo entonces, que el juicio que Dios está realizando en el cielo habrá terminado, y únicamente aquellos que estén inscritos en el libro de la vida serán salvos (Apocalipsis 21:27; Apocalipsis 3:5). Y así como sucedió en el diluvio cuando se cerró la puerta del arca (Mateo 24:38; Génesis 7:16) donde todo caso quedó decidido para vida o para muerte, así sucederá cuando se cierre la puerta de la gracia, la puerta de la salvación para siempre (Mateo 25:11,12), es entonces que todo caso quedará decidido para siempre, para vida eterna o para muerte perpetua (Romanos 2:5-8).

Ahora bien, ¿será que la Biblia nos habla de este cierre de la gracia?

En Apocalipsis 8, vemos primeramente un ángel que añade mucho incienso a las oraciones de los santos (Apocalipsis 8:3) a medida que éstas ascienden al trono de Dios (Apocalipsis 8:4), esto significa que aún hay gracia, aún hay perdón de Dios (1 Juan 2:1,2), aún hay salvación. Sin embargo, en Apocalipsis 8:5 se nos dice que ese mismo ángel toma el incensario y lo llena de fuego del altar y lo arroja a la tierra; seguidamente se escuchan truenos, voces, relámpagos, y sucede un terremoto (Apocalipsis 8:5). Este evento que vemos aquí es el cierre de la gracia, y es el mismo evento que se nos anuncia en Apocalipsis 11:19 y Apocalipsis 15:8: “Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo” (Apocalipsis 11:19); “y el templo se llenó de humo por la gloria de Dios, y por su poder; y nadie podía entrar en el templo hasta que se hubiesen cumplido las siete plagas de los siete ángeles” (Apocalipsis 15:8).

Este es el momento en que Cristo termina su obra de juicio, es el momento en que se levanta (Daniel 12:1; Isaías 2:19,21)  y deja el Santuario donde ha estado intercediendo por el hombre desde que ascendió al cielo (Hebreos 8:1,2; Hebreos 9:24). Es entonces, en ese preciso momento que se cumplen las palabras: “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía” (Apocalipsis 22:11); “he aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra” (Apocalipsis 22:12).

Mientras había gracia los hombres tenían oportunidad de arrepentimiento (Romanos 5:20), pero una vez terminada la obra de juicio el tiempo se ha cumplido (Apocalipsis 16:17). Ahora ya nadie puede cambiar de bando (Apocalipsis 22:11), y no porque no se pueda por decreto de Dios, sino porque cada corazón ha tomado una decisión irrevocable en favor de Dios o en contra suya. Ya ningún impío, así como los antediluvianos, tiene un solo deseo de volverse a Dios, sino que todas sus acciones, motivos y pensamientos son de continuo al mal (Génesis 6:5), es por ello que la puerta de la salvación en el cielo se cierra porque los corazones de los impíos se han endurecido, la puerta del corazón se ha cerrado (Apocalipsis 3:20). Unos habrán sido sellados para vida eterna (Apocalipsis 7:3), mientras otros habrán recibido la marca de la bestia para muerte eterna (Apocalipsis 14:9,10).

Así que busquemos a Dios mientras pueda ser hallado, llamémosle en tanto que está cercano (Isaías 55:6)

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