¿Qué significa que Dios nos guardará de la hora de la prueba? ¿Rapto secreto?

En Apocalipsis 3:10 nos encontramos un versículo usado para apoyar la doctrina del rapto secreto donde Cristo dice:

«Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra.» (Apocalipsis 3:10)

Este versículo ha sido frecuentemente utilizado para sostener la doctrina del rapto secreto. Sin embargo, un análisis cuidadoso del lenguaje bíblico y del contexto general de las Escrituras muestra que la promesa de Cristo no apunta a una retirada física de su pueblo del mundo, sino a su protección (1 Juan 5:18) y preservación en medio de la prueba (Salmos 46:1).

En Apocalipsis 3:10 encontramos un mensaje del Hijo de Dios a la iglesia de Filadelfia (Apocalipsis 3:7) pero que se extiende a todos los cristianos que han sufrido persecución o que han sido fuertemente probados, pero más concretamente es un mensaje específico a los cristianos que estarán vivos antes de la segunda venida del Señor (Apocalipsis 3:11).

Se cree, entre las iglesias protestantes, que cuando Jesús dice que «nos guardará de la hora de la prueba» se refiere a que mediante el rapto secreto preservará a su iglesia, raptándola de este mundo mientras la humanidad es probada y castigada por la ira de Dios en las siete postreras plagas.

La expresión “guardar de la hora de la prueba” no implica ser sacados del escenario de la crisis, sino ser conservados bajo el cuidado divino mientras esta se desarrolla. Este mismo principio se observa en la oración de Jesús (Juan 17), donde pide al Padre que guarde a sus discípulos del mal, pero explícitamente aclara que no ruega que sean quitados del mundo, sino preservados en él (Juan 17:15). La protección prometida es espiritual y moral, no una evasión física del conflicto. A la vez, es interesante notar que la palabra usada para «guardará» de Apocalipsis 3:10 es «teréo», que significa «guardar, conservar, custodiar», pero en ningún caso significa trasladar, raptar o llevarse. Dios guardará y custodiará a su pueblo en ese tiempo de angustia

A lo largo de la Escritura se repite el patrón de un Dios que guarda a los suyos en medio de los juicios, no fuera de ellos. Noé fue preservado durante el diluvio (Génesis 7:1), no trasladado a otro lugar mientras el mundo era juzgado (Génesis 7-8). De la misma manera, los israelitas permanecieron en Egipto durante las plagas (Éxodo 6:6,7), pero Dios puso una clara distinción entre ellos y los egipcios, de modo que las plagas no los destruyeran (Éxodo 12).

El mismo Apocalipsis muestra este principio cuando presenta al pueblo de Dios sellado antes de que los juicios finales sean derramados (Apocalipsis 7:1-8); el sello no los traslada al cielo, sino que los identifica como propiedad divina (Apocalipsis 14:1) y los preserva espiritualmente en medio del conflicto (Apocalipsis 7:1-3; Apocalipsis 9:4). Más adelante, los fieles aparecen perseverando durante el tiempo de angustia final, guardando los mandamientos de Dios y la fe de Jesús (Apocalipsis 14:12; Apocalipsis 12:18), lo cual demuestra que continúan en la tierra mientras la crisis se desarrolla.

Además, Jesús mismo advirtió que su pueblo atravesaría una gran tribulación antes de su regreso, y que sería precisamente después de ese tiempo cuando tendría lugar su venida gloriosa (Mateo 24:21–31). En ese mismo discurso, Cristo exhorta a la perseverancia (Mateo 24:13) y a la vigilancia (Mateo 24:20), no a la expectativa de una huida secreta, sino a la fidelidad hasta el fin (Mateo 24:13).

Pablo refuerza esta idea al enseñar que la iglesia no está destinada a recibir la ira de Dios, pero esto no equivale a la ausencia de pruebas o persecuciones, sino a ser librados de la condenación final (1 Tesalonicenses 5:9; Romanos 5:9). Finalmente, Apocalipsis 3:11 conecta directamente la promesa de ser guardados con la exhortación a retener firmemente lo que se tiene, lo cual solo cobra sentido si el pueblo de Dios sigue presente, enfrentando presiones reales y peligros espirituales antes del retorno de Cristo. La protección divina se manifiesta en la fidelidad sostenida, no en la desaparición repentina.

En conclusión, la promesa de que Dios guardará a su pueblo en el tiempo del fin (Salmos 46:1-3) no enseña un rapto secreto, sino una preservación divina en medio de la crisis (salmos 33:20), una custodia espiritual durante la mayor prueba de la historia (Efesios 6:11). El pueblo de Dios será guardado (Salmos 34:7), sellado (Apocalipsis 7:3,4) y sostenido por el poder de Cristo (1 Pedro 1:5; 1 Corintios 1:24), hasta el momento visible, glorioso y definitivo de su segunda venida (Apocalipsis 1:7; Isaías 40:10)

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