¿Qué sucede entre el rico y Lázaro?

Muchos toman la historia del rico y Lázaro como un hecho histórico y no una parábola, con el objetivo de apoyar la idea de que hay vida después de la muerte. Lo que nadie de estas personas puede explicar es que si dicha parábola habla sobre la inmortalidad del alma, yo pregunto: ¿Desde cuándo un alma tiene dedos o lengua? (Lucas 16:24).

Por otro lado, toda la Escritura es inspirada por Dios (2 Timoteo 3:16), por lo tanto, si tomamos esta parábola como una enseñanza literal, entonces debemos de hacer que armonice con toda la Escritura y no puede haber ni una sola contradicción, algo que es sencillamente complicado, ya que la parábola nos muestra como el rico y Lázaro han recibido cada uno su recompensa en el momento de morir (Lucas 16:22,23), sin embargo el propio Jesús nos dice que él dará la recompensa a cada uno según sus obras después de la segunda venida (Mateo 25:31-34; Apocalipsis 22:12), y no antes, por lo tanto, o Jesús miente cuando dice que dará la recompensa a cada uno cuando regrese por segunda vez o el rico y Lázaro nos quiere enseñar otra cosa.

Es evidente notar que la enseñanza que recoge la historia del rico y Lázaro fue una parábola dirigida especialmente a los fariseos (Lucas 15:2; Lucas 16:14), aunque los discípulos (Lucas 16:1), los publicanos y los pecadores (Lucas 15:1) también estaban presentes. Jesús estaba hablando a la gente de acuerdo con lo que estas creían, y no en base a lo que era correcto. Muchos de los presentes, sin tener el menor apoyo del Antiguo Testamento, habían llegado a creer en la doctrina de que los muertos están conscientes entre el momento de la muerte y la resurrección. Esta falsa creencia, que no aparece ni el AT ni en el NT, impregnaba, en general, la literatura judía, y como muchas otras creencias tradicionales se había convertido en parte del judaísmo en el tiempo de Jesús. En esta parábola Jesús sencillamente se valió de una creencia popular para presentar con claridad una importante lección que deseaba inculcar en la mente de sus oyentes.

Jesús, en esta parábola, continúa con la lección que había presentado en la parábola del mayordomo fiel (Lucas 16:1-12), a saber, que la manera como se usan las oportunidades en esta vida determinará el destino futuro, y que el destino se decide en esta vida de acuerdo al uso de los privilegios y oportunidades que se tengan.

“Un hombre rico” representa en primer lugar a todos los que utilizan mal las oportunidades de la vida, y en un sentido colectivo también a la nación judía que, como el rico, estaba cometiendo un error fatal: pensar que la salvación se basaba en ser descendiente de Abrahán y no en la preparación individual.

La parábola del rico y Lázaro debe interpretarse, como toda otra, en armonía con su contexto y con el sentido general de las Escrituras. Uno de los principios más importantes de interpretación es que cada parábola tenía el propósito de enseñar una verdad fundamental, y no debe insistirse en que los detalles de una parábola tienen un significado literal en lo que a verdades espirituales se refiere, a menos que el contexto deje en claro que ese significado es parte integral de la intención original. Por lo tanto no es sabio presentar los detalles de una parábola para enseñar una doctrina. Sólo puede ser tomada como base doctrinal la enseñanza fundamental de la parábola. La suposición de que Jesús quería que esta parábola enseñara que los hombres, buenos o malos, reciben su recompensa al morir, viola estos dos principios, aparte de contradecir flagrantemente su propia palabra (Mateo 16:27; Mateo 13:41,49,50: Apocalipsis 22:12).

Según lo muestra claramente el contexto, esta parábola tenía el propósito de enseñar que el destino futuro queda determinado por el modo en que los hombres aprovechan las oportunidades de esta vida. Jesús no estaba tratando aquí el estado del hombre en la muerte ni el tiempo cuando se darán las recompensas, sino el momento presente y las consecuencias que tendrán las acciones de ahora en el futuro (Gálatas 6:7)

Recuerda que la mayoría no siempre tiene la razón.

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