En muchas de las montañas y cañones del mundo observamos un fenómeno geológico impresionante: capas de sedimentos perfectamente definidas, extendidas por kilómetros, rectas y continuas, como si hubieran sido colocadas una sobre otra de manera ordenada.
Un ejemplo emblemático es el Gran Cañón del Colorado, donde miles de metros de estratos sedimentarios se exponen como páginas abiertas de la historia de la Tierra.
Según el modelo evolutivo convencional, estas capas se habrían formado lentamente, a lo largo de millones de años, mediante la deposición gradual de sedimentos. Sin embargo, lo que vemos no concuerda con ese relato.
Las capas del Gran Cañón y de otras formaciones similares son planas, rectas y paralelas, sin señales evidentes de erosión prolongada entre una capa y otra. Si realmente hubieran pasado millones de años entre cada estrato, esperaríamos encontrar superficies erosionadas, suelos desarrollados, canales profundos o irregularidades. Pero en muchos casos, una capa descansa directamente sobre la otra, como si el tiempo entre ambas hubiera sido mínimo.
Además, existen capas que se extienden lateralmente por cientos de kilómetros, algo difícil de explicar con procesos locales lentos, pero completamente coherente con un evento de gran escala, rápido y energético, como una inundación global.
Otro dato crucial es la fosilización masiva de animales y plantas. La fosilización no ocurre lentamente. Para que un organismo se fosilice, debe ser enterrado rápidamente, antes de que la descomposición o los carroñeros lo destruyan.
En muchos estratos encontramos peces fosilizados en posición de huida, animales enterrados de forma repentina y cementerios fósiles enteros, lo que apunta a muerte y sepultura súbita, no a procesos tranquilos y prolongados.
Más aún, se observan troncos de árboles fosilizados atravesando varias capas sedimentarias, conocidos como fósiles poliestrato. Estos troncos cruzan dos, tres o más estratos distintos. Si cada capa representara miles o millones de años, esos árboles habrían tenido que permanecer en pie, sin pudrirse, sin romperse y sin caer, durante lapsos imposibles de tiempo. La explicación más lógica es que las capas se depositaron rápidamente, una tras otra, en cuestión de horas, días o semanas, no de eras geológicas.
También encontramos capas que se cortan entre sí, pliegues suaves en sedimentos aún no endurecidos y estratos doblados sin fracturarse. Todo esto indica que los sedimentos estaban húmedos y blandos cuando fueron deformados, lo cual es consistente con un enterramiento rápido y masivo.
Estas evidencias apuntan a un escenario muy distinto al del gradualismo evolutivo. En lugar de una Tierra moldeada lentamente durante millones de años, los datos encajan mejor con una catástrofe hidráulica de escala global, capaz de erosionar continentes, transportar enormes volúmenes de sedimentos y enterrarlos rápidamente.
La Biblia describe precisamente un evento así: un diluvio mundial, donde las fuentes del grande abismo fueron abiertas (Génesis 7:11) y las aguas cubrieron la tierra.
Por tanto, las rocas no cuentan una historia de evolución lenta y progresiva, sino una historia de catástrofe, sepultura rápida y transformación repentina, coherente con un diluvio real y con un diseño intencional de la creación.
Apóyanos para seguir adelante con este ministerio:
Suscríbete a nuestro canal de Youtube:
Dejar una contestacion