La vida en el campo es fundamental para la salvación

Cuando Dios tomo al hombre y lo puso en el huerto del Edén era para que lo labrase y lo guardase (Génesis 2:15). Este principio sigue vigente hoy en la actualidad.

Si nos devolvemos en la historia, la primera ciudad fue fundada por Caín, quien «edificó una ciudad y llamó el nombre de la ciudad el nombre de su hijo, Enoc» (Génesis 4:17) tras haber matado a su hermano Abel. Pero recordemos que el plan inicial de Dios no fue así, aun después del pecado, Dios dijo al hombre: «maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá y comerás plantas del campo» (Génesis 3:17,18).

Abraham, el primer patriarca, fue llamado por mandato de Dios a salir de Ur de los Caldeos y habitar en tiendas para preservar así un linaje santo. Habiendo paganismo en la tierra donde antes habitaba, Dios llamó al padre de la fe a que saliera de ese lugar a un lugar que él le daría, alejado de las influencias paganas que podían afectarlo a él y a su familia.

Aquí vemos la diferencia entre el padre de la fe y Lot, sobrino de Abraham, quien decidió habitar en la ciudad corrupta de Sodoma, donde imperaba la idolatría y el vicio.

«Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo» (2 Corintios 6:17).

Lot y su familia, cedieron a las influencias corruptas de la asociación con los paganos, pero Dios en su misericordia, no dejo que Lot pereciera en la impenitente y corrupta ciudad, sino que envío a sus ángeles para sacarlos de Sodoma diciendo: escapa por tu vida y no mires atrás” (Génesis 19:17). Lot, su esposa y sus hijas salieron de la ciudad y esta fue destruida, pero el costo que supuso el habitar en Sodoma fue muy alto: el corazón de la esposa de Lot no estaba convencido de salir de Sodoma, allí tenía todo lo que ella amaba, las posesiones terrenales, su hogar, riquezas, amigos, una vida de vanidad, y todos los placeres que este mundo puede ofrecer.

«No se dejen tentar los padres por ninguna ventaja temporal que los induzca a descuidar la educación de sus hijos. Siempre que sea posible, los padres tienen el deber de establecer su hogar en el campo en bien de sus hijos. Hay que proteger cuidadosamente tanto a los niños como a los jóvenes. Debería mantenérselos alejados de los centros de iniquidad que hay en nuestras ciudades. Permitamos que los rodee la influencia de un verdadero hogar cristiano, un hogar donde mora Cristo». Carta 268, 1906.

Por otra parte, sus hijas habían sido permeadas por las costumbres de una sociedad degradada y no tardaron en aplicar en sus vidas lo que habían aprendido de la asociación con los incrédulos:

«Ven, demos a beber vino a nuestro padre, y durmamos con él, y consevaremos de nuestro padre descendencia» (Génesis 19:32).

Este pasaje es una exhortación a salir de las ciudades. La influencia de éstas sobre nuestra mente, no tiene más poder que la influencia de Dios sobre nosotros, pero si actuamos con presunción y decidimos quedarnos en la ciudad y desobedecer al mandato de Dios: «Escapa por tu vida» (Génesis 19:17), entonces Jehová no puede protegernos.

«En armonía con la luz que me fue dada, insto a la gente a salir de los grandes centros poblados. La perversidad de nuestras ciudades aumenta, y cada vez resulta más evidente que los que permanezcan innecesariamente en ellas, correrán peligro de perder sus almas.» Manuscrito 115 (1907).

Hay una promesa que Dios dio, pero como toda promesa, tiene una condición: nuestra obediencia.

«Él te librará del lazo del cazador, de la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá y debajo de sus alas estarás seguro» (Salmos 91:3,4).

Dios envío un mensaje en 1863 para un pueblo que, estando en los anales de la historia, debía reflejar perfectamente el carácter de Cristo y guardar su santa ley. Este mensaje no hablaba solamente de la salida al campo, sino de un estilo de vida.

Este estilo de vida conllevaba un cambio en la alimentación, una experiencia en la agricultura, un reforma en la vestimenta, en la educación, y preparación para la crisis final; en defintiva, en todos los aspectos que conciernen a nuestra salvación.

La agricultura es el medio por el cual Dios nos enseña la paciencia, la perseverancia, y nos da lecciones acerca de la salvación (en las parábolas Jesús casi siempre tomaba ejemplos de la naturaleza).

La agricultura es el A, B, C, de la educación cristiana. Es el mejor remedio contra muchos males; mejorando nuestra salud física, mental y espiritual.

Tenemos mucho que aprender del campo y de las lecciones que Dios nos da por medio de la naturaleza. Nos esta haciendo un llamado al “culto racional” (Romanos 12:1), el cual nos invita a volver al plan original de Dios, ya que fuimos diseñados para vivir en el campo y no en la ciudad.

En el ambiente del campo vemos como nuestra salud física mejora, ya que allí estamos en comunión con las ocho leyes de la salud que Dios nos dio: aire, agua, sol, ejercicio, temperancia, descanso, nutrición y confianza en Dios, de una manera natural, ya que el aire no está contaminado, el ejercicio lo hacemos mientras trabajamos, y la nutrición es más saludable porque es del huerto a la mesa.

Dice la Escritura que «nosotros todos, […] somos transformados» (2 Corintios 3:18) a imagen de lo que contemplamos. Si estamos en el campo, vamos a contemplar la obra de la creación: «Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera» (Génesis 1:31), por lo tanto, esto afectará a nuestro carácter de manera positiva. Sin embargo, Dios no creó la ciudad, y nada de lo que hay en ella fue creado por él.

Por lo tanto, no podemos obtener bendición contemplando las obras de los hombres.

«Ni una familia en cien se beneficiará física, mental o espiritualmente por residir en la ciudad» (Eventos de los Últimos Días, pág. 86.6)

Se acerca el fin de la historia de este mundo, donde no se «podrá comprar ni vender» (Apocalipsis 13:17). Esto es una amonestación en la cual debemos aprender a depender de Dios y no del sistema; depender de los alimentos que él nos dé y no de los productos alimenticios que venden en los supermercados; de la sanidad que Dios nos ha dado a conocer a través de la naturaleza, y no del sistema sanitario de los gobiernos.

La súplica de Dios hacia nosotros es «salid de ella, pueblo mío» (Apocalipsis 18:4), y se invita a salir de una ciudad, Babilonia, pero eso no sólo implica salir de las costumbres, enseñanzas y ríos de falsas doctrinas de ese sistema, sino a salir físicamente de toda la asociación con lo inmundo y de todo lo que nos aleja de Dios. Es un llamado para este tiempo, para cada familia, para cada individuo, a que no sólo escuchemos la voz de Dios, sino que también obremos en conformidad con ella.

«Mejor es sacrificar cualesquiera consideraciones mundanales, o aun todas ellas, antes que poner en peligro las almas preciosas confiadas a vuestro cuidado. Serán asaltadas por tentaciones, y se les debe enseñar a arrostrarlas; pero es vuestro deber suprimir toda influencia, romper todo hábito, cortar todo vínculo que os impidan realizar la entregar más libre, abierta y cordial de vosotros mismos y viestras familias a Dios. En vez de la ciudad atestada, buscad algún lugar apartado(Joyas de los Testimonios, Tomo 2, pág. 74) (1882)

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5 comentarios

  1. Amén. confío en Dios estar en Mayo fuera de La ciudad apesar de todo lo que está pasando.
    Bueno. lo dejo en las manos de Dios.
    Bendiciones!!

  2. La vida en el campo no es fundamental para la salvación. No todo el mundo va a poder salir y no por eso se va a perder. Hay ancianos, hay personas que no tienen suficientes ahorros para comprar tierra con casa a los precios que van hoy en día, etc. El título de este post es una barbaridad. Dios lo que tiene en cuenta es el corazón. Seguro que hay muchos que salen al campo y ni siquiera tienen un carácter como Dios requiere y no se salvarán. El que pueda que salga, pero el que no pueda qué? Por eso no se va a perder!

    • Por otra parte:

      fundamental
      Cómo se pronuncia
      adjetivo
      1.
      Que sirve de fundamento o de base.
      «los principios fundamentales de una teoría»
      2.
      Que es muy necesario o muy importante para algo.

      No estamos en ningún momento afirmando que quien no salga al campo se va a perder.

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